BUENOS AIRES – La caída de la natalidad ya es una realidad en la Argentina. Llegó más tarde que en Europa, pero avanza a un ritmo mucho más acelerado: en los últimos diez años los nacimientos disminuyeron un 44%, al pasar de un promedio anual de 737.000 entre 2003 y 2015 a apenas 413.000 bebés en 2024.

El fenómeno se manifiesta con especial intensidad en la Ciudad de Buenos Aires, según explicó la vicejefa de Gobierno, Clara Muzzio, abogada con una maestría en Políticas Públicas, durante su participación en la Cena del Lunes del Círculo Italiano.

Hace pocas semanas, Muzzio viajó a Italia en una misión oficial y mantuvo una reunión con Eugenia Roccella, ministra de Familia, Natalidad e Igualdad de Oportunidades, para intercambiar experiencias sobre un fenómeno que ese país enfrenta desde hace al menos cuatro décadas.

“El descenso de la natalidad tiene un impacto devastador. No tengo miedo de definirlo como una catástrofe, una tragedia. Porque los chicos que hoy faltan mañana no formarán parte de la población activa, no trabajarán, no producirán ni sostendrán el sistema previsional”, afirmó Muzzio.

Actualmente, la tasa de fecundidad en la Argentina es de 1,4 hijos por mujer en edad fértil, un valor cercano al 1,18 registrado en Italia.

“Si observamos los datos de la Ciudad de Buenos Aires, ese promedio nacional de 1,4 baja hasta 0,99. Es uno de los valores más bajos del mundo. El menor corresponde a Corea del Sur, con 0,7”, agregó. Es decir, la capital argentina ya se encuentra muy cerca del país con la menor natalidad del planeta.

“Para mantener el equilibrio demográfico, la tasa de fecundidad debería ser de 2,1 hijos por mujer”, recordó.

Aunque el impacto todavía no resulta tan visible a nivel nacional, Muzzio señaló que ya existen señales claras. “Hasta hace poco, al comienzo de cada ciclo lectivo, los diarios hablaban de la falta de vacantes en las escuelas primarias. Hoy ocurre lo contrario: los cursos no se completan y los bancos quedan vacíos”.

También mencionó que varias clínicas privadas porteñas, entre ellas la Finocchietto, anunciaron el cierre de sus maternidades por la disminución de la demanda.

“La estructura demográfica de la Ciudad de Buenos Aires ya no tiene forma de pirámide. Se parece más a una cebolla, donde la población económicamente activa todavía supera a la inactiva. Pero para sostener a esta última hacen falta tres personas en actividad por cada jubilado”, explicó.

La funcionaria contó que desde hace algunos meses recorre universidades para debatir el tema con estudiantes. “Cuando les pregunto cuáles creen que son las causas, todos señalan la economía y las dificultades para conseguir un empleo formal”, sostuvo.

Ser joven en la Argentina, reconoció, implica enfrentar numerosos obstáculos. “No solo está la dificultad para formar una pareja, que merece un debate aparte, sino también la imposibilidad de acceder a un trabajo estable. A eso se suman las enormes dificultades para comprar una vivienda, el altísimo costo de los jardines maternales y el hecho de que mantener a un hijo en edad preescolar llega casi a superar el ingreso inicial de una pareja joven”.

Sin embargo, para Muzzio esas razones no alcanzan para explicar por sí solas la tendencia. “Los países con las tasas de natalidad más bajas también son los de mayor ingreso per cápita: Italia, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos y Corea del Sur”, observó.

La experiencia internacional tampoco ofrece soluciones sencillas. En Corea del Sur se destinaron 250.000 millones de dólares en los últimos 16 años a políticas para incentivar los nacimientos. Hungría, por su parte, invierte el equivalente al 5% de su PBI en programas de apoyo económico para las familias. Aun así, la tendencia apenas logra desacelerarse.

Otro dato que preocupa en la Ciudad de Buenos Aires es el aumento de la edad del primer hijo. “Hace veinte años las mujeres tenían su primer hijo alrededor de los 28 años. Hoy ese promedio llega casi a los 33. Después de los 35 la fertilidad disminuye de manera significativa y muchos jóvenes desconocen ese dato. Cuanto más tarde llega el primer hijo, menos probable es que llegue el segundo y mucho menos un tercero”, señaló.

Pero, nuevamente, la vicejefa de Gobierno considera que el fenómeno trasciende las cuestiones económicas o biológicas. “Se está extendiendo una mentalidad contraria a los chicos y a la familia”, afirmó.

De inmediato aclaró que no se trata de cuestionar los avances en materia de igualdad. “Yo misma soy una mujer profesional y me alegra que cada vez haya más mujeres ocupando puestos de decisión. También celebro que puedan estudiar lo que deseen. Siete de cada diez graduados de la Universidad de Buenos Aires son mujeres”.

En ese sentido, descartó cualquier mirada nostálgica sobre un modelo en el que la realización femenina estuviera ligada exclusivamente a la maternidad.

“Mi mensaje no es ‘hay que tener hijos’. Pero hoy predomina un discurso en el que un hijo aparece como una carga para ambos integrantes de la pareja. Muchas personas de entre 30 y 35 años consideran que no ser padres es la decisión más madura y responsable”, aseguró.

Según Muzzio, las políticas públicas siguen siendo fundamentales, al igual que la articulación entre el Estado y el sector privado, para impulsar medidas como créditos hipotecarios con tasas subsidiadas destinados a parejas jóvenes.

“También deberíamos preguntarnos por qué se construyen edificios con departamentos pensados para una sola persona”, planteó.

Para la funcionaria, el proyecto familiar dejó de ocupar un lugar central en la vida colectiva. “Todos venimos de una cultura en la que la familia era el pilar de la vida civil. Era el primer espacio donde los hijos recibían educación, aprendían valores y luego contribuían a construir la sociedad. Esa cultura empezó a perderse. Por eso creo que es importante discutir este tema de manera abierta”.