BUENOS AIRES – Hay personas que dejan una huella profunda en una comunidad sin buscar protagonismo. Franco Livini, fallecido ayer a los 96 años, fue una de ellas.

Ingeniero industrial, empresario y dirigente de instituciones clave de la colectividad italiana, dedicó gran parte de su vida al Hospital Italiano de Buenos Aires y a la escuela Cristoforo Colombo, dos de las entidades más emblemáticas de los italoargentinos.

Nacido en Liguria, Italia, emigró con su familia a Brasil cuando tenía apenas cinco meses y llegó a la Argentina a los nueve años. Aquí construyó su vida personal y profesional, sin perder nunca el vínculo con sus raíces italianas, que transformó en un compromiso permanente con la comunidad.

Graduado como ingeniero industrial en la Universidad de Buenos Aires, desarrolló una trayectoria de más de seis décadas en Pirelli Argentina, empresa en la que llegó a desempeñarse como presidente. Bajo su conducción, la compañía consolidó su posición en el mercado de los neumáticos y fortaleció los vínculos económicos entre Italia y la Argentina, contribuyendo a ampliar la presencia industrial italiana en el país.

Al mismo tiempo, volcó gran parte de su energía al Hospital Italiano de Buenos Aires. Fundado en 1853 para brindar atención médica a inmigrantes italianos sin recursos, hoy es considerado uno de los centros privados de salud más prestigiosos de América Latina por la calidad de su asistencia, su investigación y su actividad académica.

Como presidente del Consejo Directivo de la Sociedad Italiana de Beneficencia, entidad fundadora y administradora del hospital, durante más de veinte años impulsó un profundo proceso de modernización, con inversiones en infraestructura, investigación, formación universitaria y medicina de alta complejidad.

Durante su gestión, el Hospital Italiano obtuvo importantes reconocimientos internacionales y reforzó su papel como centro de referencia académica y científica para toda América Latina.

Livini también respaldó decididamente la creación, en el año 2000, del Instituto Universitario vinculado al hospital, que con el tiempo se convirtió en una universidad. El proyecto permitió que los estudiantes realizaran su formación en contacto directo con los servicios asistenciales y la práctica clínica. Quienes trabajaron con él recuerdan que, si Livini confiaba en una iniciativa, alcanzaba una sola palabra suya para que se hiciera realidad.

Su compromiso también alcanzó a la escuela italiana Cristoforo Colombo, donde presidió la asociación encargada de su administración.

La institución nació en 1952 para responder a las necesidades de los jóvenes que, tras emigrar con sus familias después de la Segunda Guerra Mundial, habían visto interrumpidos sus estudios en Italia. El sacerdote Giuseppe Sutera y los profesores Emilio Giacometti y Giuseppe Finazzi comenzaron la experiencia en una pequeña sede de la calle Moreno 1699, ofreciendo cursos para completar el nivel secundario italiano.

Hoy, el "Cristoforo", como se lo conoce en Buenos Aires, funciona en su sede de la calle Ramsay como una escuela de gestión privada con una propuesta educativa de excelencia, desde el nivel inicial hasta el secundario. Recibe tanto a familias italianas como argentinas y permite obtener la doble titulación italiana y argentina mediante el examen de Maturità.

A lo largo de los años también participó activamente en la vida pública de los italianos en el exterior. En 2006 fue candidato al Senado italiano por la circunscripción América del Sur dentro de la coalición de Romano Prodi, L'Unione, con el objetivo de fortalecer los vínculos entre ambos países.

En esa campaña, el entonces senador de Alleanza Nazionale Mirko Tremaglia, impulsor de la ley que permitió el voto de los italianos residentes en el exterior, visitó Buenos Aires y exhortó a la colectividad "a votar, cualquier partido, pero votar".

En una entrevista concedida a La Nación, Livini sostuvo que "Italia debe mirar a la Argentina", al considerar que tanto Italia como Europa debían asumir a Sudamérica como un socio estratégico para el futuro y promover la cooperación en los ámbitos económico, cultural, científico y educativo.

Aunque provenía del mundo industrial, siempre defendió una visión profundamente humanista de la formación. En distintas oportunidades señaló que, por más extraordinarios que fueran los avances de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, nunca podrían reemplazar la experiencia, la empatía y las emociones propias del ser humano. Para él, la innovación debía estar siempre al servicio de las personas y del bien común.

Esa capacidad para combinar eficiencia empresarial con una mirada centrada en las personas marcó toda su trayectoria. Fue una filosofía que aplicó tanto en la industria como en la salud, convencido de que una organización exitosa no se sostiene únicamente en los resultados económicos, sino también en la responsabilidad social y en la valoración de quienes la integran.

Apasionado por la literatura italiana, tenía una especial admiración por el poeta Giosuè Carducci y disfrutaba recitar los primeros versos de la Canzone di Legnano: "Sta Federigo imperatore in Como".

En 2025, su trayectoria también fue reconocida en Italia con el premio Eccellenze Sud, otorgado por la asociación I Sud del Mondo, que lo distinguió como un "símbolo de la italianidad en la Argentina" por su labor al frente del Hospital Italiano de Buenos Aires y por su aporte a la comunidad ítalo-argentina.