BUENOS AIRES — “Es una gran alegría recibir a León XIV. Estuve en 1982, durante la primera visita de Juan Pablo II, cuando tenía 22 años. También estuve en 1987, cuando el papa Wojtyla celebró la Jornada Mundial de la Juventud precisamente en Buenos Aires”. Son los recuerdos de Fabio Borroni, vocero de la Cofradía de los Cristezzanti en la Argentina.

Se trata de una antigua congregación laica, nacida en Liguria en el siglo XII. Sus fieles eran los encargados de llevar los crucifijos durante las procesiones.

Aquellas dos ocasiones fueron especialmente significativas para Borroni. En 1982, todavía en dictadura y en plena guerra de Malvinas, Juan Pablo II visitó la Argentina en un intento por mediar en el conflicto, después de haber estado en el Reino Unido pocos días antes.

El Papa permaneció en el país el 11 y el 12 de junio. El 14 terminó la guerra.

En 1987, en cambio, habían pasado pocos años desde el regreso de la democracia. Lo recibió el entonces presidente Raúl Alfonsín.

En aquella oportunidad se celebró la primera Jornada Mundial de la Juventud fuera de Roma, después de la edición de 1986 en la capital italiana. El viaje también coincidió con el Domingo de Ramos, que por primera vez un papa celebró fuera de Italia.

Fabio Borroni también recuerda el paso de Robert Prevost por Buenos Aires, en particular por la parroquia San Agustín, en el barrio de Recoleta. Siempre tuvo un vínculo especial con esa iglesia por su función como prior general de la Orden de San Agustín.

“Aquí, en 2004, concelebró una misa con Jorge Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires —cuenta—. Y fue precisamente Bergoglio quien lo convocó para encabezar el Dicasterio para los Obispos y después lo nombró cardenal”.

Fabio y los demás cristezzanti esperan obtener permiso para participar en la misa del lunes 9 de noviembre con sus cruces. “Todavía no sabemos si nos lo van a permitir, hay cuestiones de seguridad —dice—. Sería un testimonio, ¿qué hay más cristiano que la cruz?”.

También la Comunidad de Sant’Egidio de Buenos Aires espera con entusiasmo la llegada de León. El domingo 1 de noviembre organizó un encuentro interreligioso con distintas comunidades cristianas, musulmanas, judías y budistas de la ciudad, bajo el lema “Paz desarmada y desarmante”, en referencia a las palabras que pronunció el papa Prevost en su primer discurso tras ser elegido.

La iniciativa representa una suerte de pase de la posta a través del océano con las Jornadas por la Paz de Asís, celebradas del 25 al 27 de octubre por cuadragésimo año consecutivo e impulsadas también por Karol Wojtyla para promover el diálogo interreligioso y la paz en el mundo.

Según Marco Gallo, referente de la Comunidad de Sant’Egidio en Buenos Aires y titular de la Cátedra Pontificia de la Universidad Católica Argentina, la visita del Papa se da “en un momento muy particular para el mundo y también para el continente sudamericano”.

La Argentina parece atrapada en una polarización que se convirtió en un callejón sin salida. “El papa León habla mucho, también en la encíclica Magnifica Humanitas, sobre el riesgo de la polarización, muy fuerte en toda la sociedad”.

El afiche de la iniciativa de la Comunidad de Sant’Egidio.

Evitar la polarización, según Gallo, “también significa construir unidad, construir más allá de las ideologías”.

Todos se preguntan si el Pontífice dará un discurso político. “No, porque el Papa es un pastor —afirma Gallo con seguridad—. Se interesa por la vida de las personas, por los sentimientos, el corazón, las actitudes frente a la realidad”. Y se anima a anticipar algunos ejes: “Dirá que hay que volver a poner en el centro la dignidad de la persona humana, no el mercado”.

El filósofo Zygmunt Bauman decía que “somos lo que consumimos”. Era una crítica al consumismo y al poder del mercado.

“Tenemos que volver a poner en el centro la dignidad humana —continúa—. Yo no soy lo que consumo, soy los valores que expreso. La visita del papa León representa una gran oportunidad”.

En ese sentido, sí, también política. “Siempre que se piense la política como una construcción del bien común, más allá de las ideologías —aclara Gallo—. La lucha contra la pobreza y contra la guerra, es decir, el amor por la paz, ocupan sin duda el primer lugar”.

Se ha dicho que Prevost es conservador. “Si conserva el Evangelio, está bien —bromea Gallo—. Es agustino, para él la comunidad es central, como una barrera frente al individualismo exacerbado que vivimos hoy. Pensemos en cuánta gente vive sola en Buenos Aires”.

La causa también está en la fisonomía que adquieren las ciudades, con barrios de departamentos cada vez más pequeños y subdivididos. “Al fin y al cabo, lo que propone el Papa es vivir juntos —agrega—. También porque la comunidad tiende a garantizar su propia supervivencia, a preservarse”.

Irma Rizzuti, presidenta de la Liga de Mujeres Italianas de Buenos Aires, recuerda los cuatro años que vivió en Roma como agregada cultural de la Embajada argentina durante el pontificado de Francisco.

“Una experiencia —dice— que me permitió comprender el alcance tanto del poder espiritual como del político que emanan de la figura del Pontífice. Creo que la suma de esos dos poderes influye en la vida de los países y de millones de personas, y que su sola presencia y su prédica pueden evitar la guerra”.

Basta pensar en la importancia de la mediación del papa Francisco en el proceso de paz en Colombia, lamentablemente otra vez en riesgo. “Creo que el solo hecho de ver una plaza llena de personas y compartir una misma fe colectiva ya es, en sí mismo, un milagro”, afirma.

No se anima a comparar a Francisco con León. “Al primero lo conocí personalmente y, además, era argentino, no puedo ser imparcial —confiesa—. Por otra parte, el pontificado de Prevost comenzó hace poco. Pero me reconforta saber que este Papa, al igual que Francisco, conoce a fondo los problemas de América Latina”. Y, sobre todo, la ama, una condición indispensable para comprenderla.

Irma Rizzuti con el papa Francisco.

“La visita del Papa no solo renueva la fe —observa—. Trae la esperanza de que esa fe pueda iluminar a quienes gobiernan. Y hay algo más. León XIV tiene una doble misión, porque debe cumplir la promesa que Francisco no pudo concretar: volver a la Argentina”.

En general, las asociaciones de la colectividad italiana no organizaron actividades oficiales y dejaron a sus integrantes en libertad de seguir la visita del Papa con sus respectivas parroquias.

La expectativa por la llegada de León XIV no se limita a Buenos Aires. También se vive en Córdoba, otra de las ciudades que visitará junto con Luján.

“Como joven piamontés e italiano, que el Papa venga a la Argentina y visite nuestra querida ciudad de Córdoba es algo muy gratificante, que nos llena de alegría y orgullo”, dice Maximiliano Constantino, del grupo Jóvenes Argentinos Piamonteses (GAP) de Córdoba, vinculado a la Federación de Asociaciones Piamontesas de la Argentina (FAPA).

Cuando Juan Pablo II hizo su última visita, Maximiliano todavía no había nacido. “Pero vi muchas imágenes —destaca—. Me llamó la atención una foto de dos personas que bajaban del tren con una damajuana de vino. Tal vez venían de Santa Fe, tal vez de Santiago del Estero. Lo cierto es que fue un acontecimiento increíble, que movilizó a muchísima gente”.

Un acontecimiento que ahora se repite, casi 40 años después. “Es emocionante y también nos convoca mucho a los jóvenes —asegura—. Muchos chicos de las parroquias de toda la provincia de Córdoba estarán presentes en este encuentro multitudinario, para el que se prevé la llegada de más de un millón de personas”.

Maximiliano aclara que es creyente. Pero, más allá de la fe, agrega, “es algo histórico y significativo para toda la ciudad. Un recuerdo para contarles en el futuro a nuestros hijos y nietos… Que en 2026 el papa León visitó nuestra ciudad y yo pude estar ahí”.

Confía en que la visita represente un momento de unión. “Sabemos que muchos argentinos atraviesan una situación difícil y creo que esta visita traerá mucha empatía y cohesión —expresa—. Por lo que vimos, en la ciudad de Córdoba todas las fuerzas políticas, desde la oposición hasta el oficialismo, se unieron para que la visita del Papa sea una oportunidad de encuentro para todos los cordobeses”.