BUENOS AIRES – Sobre la hornalla de una cocina hay una olla. Basta con asomarse para sentir el aroma: es sopa, el martirio diario de Mafalda, que su mamá le servía una y otra vez. Ese detalle, que entra por la nariz antes que por los ojos, marca el pulso de “Mafalda Inmersiva”, la muestra dedicada al personaje del humorista gráfico Quino que acaba de abrir sus puertas en el Centro Cultural Recoleta.
Quino, seudónimo de Joaquín Lavado, publicó la tira entre 1964 y 1973. En ese tiempo, Mafalda, una nena que hace preguntas incómodas sobre el mundo de los adultos, se convirtió en un clásico traducido a decenas de idiomas.
La muestra ocupa 1.300 metros cuadrados repartidos en 14 salas, y el recorrido dura alrededor de una hora. Llevó tres años de trabajo y mezcla video mapping, proyecciones de 360 grados con sonido envolvente, realidad virtual para varios visitantes a la vez, pantallas táctiles, esculturas de los personajes y música original. Detrás del proyecto hay un equipo interdisciplinario de Argentina, España e Inglaterra, con licencia exclusiva de los herederos del dibujante.
La inauguración oficial fue el 30 de septiembre, cuando se cumplieron seis años de la muerte de Quino. Il Globo la recorrió sala por sala.
El circuito arranca con un video que presenta a Mafalda y anticipa lo que vendrá. Después llega el barrio: una maqueta reproduce las calles donde viven Mafalda y sus amigos, y en las ventanas de los edificios aparecen los personajes en escenas cotidianas.

El barrio de Mafalda. (Foto: Gentileza Mafalda Inmersiva)
Unos pasos más y el visitante entra a la casa. El living, la cocina y el cuarto están armados en tamaño real, con colores vivos y un cuidado por el detalle que puede sorprender incluso a quienes se saben los libros de memoria.

La cocina de la casa de Mafalda. A la derecha, una escultura de su madre. (Foto: Paula Llana)
Igual de lograda es la recreación del almacén de la familia de Manolito, el amigo de Mafalda obsesionado con los negocios y la plata. Los estantes repletos de frascos, especias, latas de conserva y panes de flauta arman su lugar en el mundo. Como pasa con la sopa, acá también manda el olfato: el aire huele a especias. Detrás del mostrador, junto a una caja registradora antigua, está la figura de Manolito, y a un costado cuelga su guardapolvo manchado de tinta.
El tono tierno y el político, las dos caras de la tira, conviven en todo el recorrido. Junto a Mafalda aparecen sobre todo Manolito, Susanita, que sueña con casarse y tener hijos, el soñador Felipe y los padres de la protagonista. En las paredes reaparecen viñetas icónicas, como el clásico “¿Qué habrán hecho algunos pobres sures para merecer ciertos nortes?”.
Hay también espacio para el juego. En una de las salas, enormes globos traslúcidos rebotan de mano en mano entre grandes y chicos. Sobre el final, una sala homenaje repasa la trayectoria de Quino.

Elementos para dibujar, tinteros y papeles secantes que pertenecieron a Quino, son algunos de los elementos que pueden observarse en la sala dedicada al humorista. (Foto: Gentileza Mafalda Inmersiva)
“Buscamos que sea un viaje capaz de conectar tanto a las nuevas generaciones como a los lectores de toda la vida”, explicó el director general del proyecto, Damián Kirzner. La muestra ya recibió el reconocimiento “Orillas Nuevas”, otorgado por el Institut Français d’Argentine y la Embajada de Francia.
Para quienes crecieron con la historieta, la visita es un reencuentro. Para quienes nunca la leyeron, es una buena manera de empezar.
“Mafalda Inmersiva” abrió al público el 1° de octubre en el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930, en la Ciudad de Buenos Aires. Se puede visitar de martes a viernes, de 12 a 20, y los sábados, domingos y feriados, de 11 a 20. Las entradas, a partir de $24.000 por persona, se venden por Ticketek.